Manifiesto del Blog
Últimamente me ha dado por querer habitar mi casa de verdad.Y no, no me acabo de mudar.Llevo viviendo aquí desde hace más de diez años.Pero desde que fui madre, pasé a vivir en modo automático.Supervivencia, rutinas, cansancio.Y con el tiempo, dejé de mirar mi casa.La ocupaba, pero no la habitaba. Ahora algo está cambiando.Estoy poniendo
El otro día, esperando en la salida del colegio, escuché una conversación entre dos madres. Una de ellas estaba embarazada de casi nueve meses.Acababa de cogerse la baja, y le decía a su amiga que lo había alargado todo lo posible porque le sabía mal.No quería quedar mal con su empresa.Había aguantado hasta el límite
Hay un momento que muchas madres no olvidamos:ese primer día de guardería en el que dejamos a nuestros hijos llorando.Llorando con otros niños que también lloran.Llorando frente a una puerta que se cierra.Llorando mientras nosotras nos vamos. Y ahí aparece el nudo.Porque por un lado, duele.Y por otro, te repites que estarán bien. Que es
Hoy me he cruzado con otro padre —el tercero en poco tiempo— diciendo:“Qué ganas de que empiece el colegio.”Y lo decía con ese tono que todos hemos usado alguna vez: mezcla de broma, cansancio y verdad. Pero me quedé pensando…¿Qué nos está pasando como sociedad para que nuestros propios hijos nos molesten tanto? La infancia
En muchas conversaciones que escucho últimamente aparece el mismo patrón.Relatos distintos, parejas distintas, contextos distintos.Y, aun así, algo que se repite. Hombres que hablan mal a las mujeres con las que comparten su vida.Con impaciencia.Con desprecio.Con un tono que ya no se disculpa. Y también mujeres que lo permiten.Que se callan.Que esquivan.Que intentan que no