Manifiesto del Blog
Hay algo que nadie te cuenta de la maternidad.Algo que no aparece en los libros ni en las fotos de familia.Algo que muchas vivimos, pero casi nadie dice en voz alta. La soledad emocional. No la soledad física, esa la ves venir.La otra.La que aparece cuando sostienes demasiado, anticipas demasiado, piensas por todosy descubres que,
Fue a partir del nacimiento de mi primer hijo.Se despertaba entre las cinco y media y las seis de la mañana, con ganas de jugar.Y yo… muerta de sueño, muerta de cansancio, con esa sensación de que el día empezaba demasiado pronto y yo no estaba preparada. Me sentaba en la alfombra con él, rodeada
Son las 8:30 de la mañana.Llego al andén con los niños.Hace frío.Tres grados, gorros, bufandas, mochilas, manos heladas. A mi lado hay un grupo de universitarios.Van en tirantes, con un jersey fino.Ríen.Miran el móvil.Y no parecen sentir nada. Los miro y pienso: o las hormonas son un milagro, o el tiempo aún no les pesa.Sonrío
Hoy he visto a una madre derrumbarse.Sé que llevaba demasiado tiempo sin poder hacerlo.Sosteniéndose entre el trabajo, el cansancio y un bebé que, desde que empezó la guardería, no deja de ponerse enfermo.Un bucle que desgasta, día tras día. Anoche me escribió:que si podía cuidar de su hijo,que estaba enfermo y no sabía con quién
Últimamente este tema aparece una y otra vez en mis conversaciones con amigas.En distintas formas, con distintas historias, pero con un fondo común:las madres y sus hijos varones.Y cómo ese vínculo, que empieza desde el amor más puro, puede llegar a condicionar profundamente las relaciones adultas. Lo pensé hace poco después de escuchar una frase