Fue a partir del nacimiento de mi primer hijo.
Se despertaba entre las cinco y media y las seis de la mañana, con ganas de jugar.
Y yo… muerta de sueño, muerta de cansancio, con esa sensación de que el día empezaba demasiado pronto y yo no estaba preparada.
Me sentaba en la alfombra con él, rodeada de juguetes, intentando no dormirme.
Ponía la tele de fondo por pura supervivencia, para mantenerme despierta.
Y un día, por casualidad, apareció un canal de YouTube: Niko Life.
No sé explicar muy bien el por qué, pero ese canal me hacía bien.
Me producía una calma inmediata en el cerebro, una especie de relajación suave…
pero sin dormirme, que era justo lo que necesitaba.
Era como si me mantuviera en un punto medio: presente, pero tranquila.
En ese momento yo tenía la cabeza llena de pensamientos:
la carga mental, el cansancio, mi profesión, el futuro,
la sensación de soledad total cuando todo el mundo está durmiendo menos tú y tu bebé.
Y ella —sin pretenderlo— me acompañaba.
De una forma sutil, sin invadirme, sin pedirme nada.
Era un espacio donde mi mente podía descansar un poco,
donde no había exigencia, ni ruido, ni proyecciones.
Solo una vida tranquila al otro lado de la pantalla que, por alguna razón, me ordenaba por dentro.
Le agradezco mucho algo que probablemente no sabe:
que me salvó momentos muy duros,
momentos de soledad real,
momentos en los que me sentía completamente desbordada.
A día de hoy aún veo alguno de sus vídeos.
Y cada vez que los veo pienso:
“Madre mía, qué buen proyecto ha hecho esta mujer.”
Qué propósito tan limpio.
Y qué increíble verla crecer desde que yo la encontré, casi por casualidad, hasta hoy.
No la conozco.
Ella no sabe quién soy.
Pero algún día, si llego a decírselo, le diré que su manera de vivir y grabar me sostuvo sin saberlo.
Y que en una etapa de mucha presión y mucha soledad, fue una compañía silenciosa que me hizo bien.
Y eso no se olvida.
–B.

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