Un juicio, dos bandos, demasiadas heridas abiertas.
Esta semana no he escrito.
No porque no tuviera nada que decir, sino porque estaba viviendo.
He estado dentro de una trama familiar que lleva años creciendo y que ha acabado en juicio. Estos días me he dedicado a sostener a los míos. Estar. Escuchar. Acompañar. Nada más. Nada menos.
Ha sido duro. Ha sido necesario. Y también verdadero.
En mi familia han empezado a salir cosas que llevaban tiempo ocultas. Luchas, silencios, estructuras que por fin se están cayendo. Yo he estado en el lado donde ha habido unión. El otro, en cambio, se ha ido rompiendo solo.
Esta semana no he sido la protagonista. Pero, curiosamente, me he sentido más yo que nunca.
Es una historia difícil de explicar. Con giros que ni una serie podría inventar. Algún día, si estoy preparada, la contaré. Porque no tiene nada de ficción. Y porque no ha terminado.
A veces pienso que si lo contara, nadie lo creería.
Pero está pasando. Y lo estoy viviendo desde dentro.
¿Algún día lo contaré?
-B.

Deja un comentario